
La vanidad
Vale, no puedo desprenderme del ego, pero ¿Cómo me libro de la vanidad?
En mi opinión, la vanidad en el propietario no es “ni pecado ni virtud “.
Pero la reflexión es simple: ¿Qué beneficio puede obtener un propietario, para la cuenta de resultados, siendo vanidoso?
Y entonces, ¿Por qué mostrar vanidad en algo que no aporta ninguna rentabilidad a la compañía?
Igualmente, ¿Por qué atraer juicios de valor que no aportan un retorno económico para la empresa?
A mi forma de ver, la vanidad expuesta por el propietario en sus relaciones comerciales o en sus relaciones personales con sus colaboradores…, no reporta ningún valor a la imagen de la empresa, ni a la suya propia.
Y por supuesto, la vanidad es un juicio de valor innecesario ya que la virtud no necesita ser presentada o anunciada.
Sin más, la vanidad es un disfraz que pretende esconder o disimular, la fragilidad, la inseguridad y la falta de capacidad o de las habilidades del propietario.
A demás, la vanidad ofende a las personas inteligentes que solo van a responder con burla, hipocresía o indiferencia
Sin embargo, la virtud no necesita presentaciones, emblemas ni reconocimientos.
En mi reflexión, no confundo la vanidad con el ego, y son a mi forma de ver, absolutamente diferentes.
Decir que el ego es consustancial con el -Yo Soy- y por consiguiente afirma la conciencia absoluta de la existencia del ser.
Categóricamente digo que, el ser no se puede vaciar de ego, sería como vaciar las arterias de sangre.
Así, un propietario sin ego es un ser humano sin deseo y sin propósito. No creo que eso sea bueno.
Por consiguiente, el ego es el conocimiento profundo del -Yo-, y así, es consustancial con el todo.
Y digo, que el propietario debe meditar y profundizar en ello de forma constante. El conocimiento del -Yo- descataloga los prejuicios y adoctrinamientos, y por ende fija un sentimiento de liberación y seguridad.
En consecuencia, el ego brilla en el interior de propietario consciente, siendo así la virtud absoluta.
Tampoco creo que debamos asociar la vanidad al noble sentimiento de orgullo o de, el amor propio por el trabajo bien hecho o al éxito conseguido para la empresa.
Por lo tanto, el premio y la recompensa se traducen en unos buenos resultados para la compañía.
Y, cuando el éxito responde al esfuerzo y al trabajo, tampoco debe el propietario sentirse o caer en la falsa humildad.
Afirmo finalmente que, el reconocimiento del mérito que se atribuyen el propietario y sus colaboradores, por unos buenos resultados en la compañía, no es vanidad.
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