El éxito

Tengo que decir que siempre he pensado que el único capaz de medir con certeza el éxito de su empresa es el propietario.
Y es así porque él es el único que conoce de verdad las metas, los objetivos, los propósitos y los plazos que se ha fijado para el desarrollo de su proyecto empresarial.
Pero diré también algo aún más contundente: el éxito del propietario empieza el primer día que abre su propio negocio.
Sin duda es ese día; el día en el que propietario decide ser dueño de su propia vida, individual y profesional y por consiguiente el sentirse un ser libre.
Y es que el éxito va a ser siempre un reflejo del propietario, que se va a proyectar directamente en su empresa.
Y, aunque sea obvio hay que decirlo: en el mundo de la empresa el éxito va de la mano con el propietario en una continuidad permanente, nace con él y acaba con él.
Por consiguiente, la consideración de éxito de una empresa sólo se produce en la mente del propietario y no en agentes externos. Siendo el propietario el único que lo percibe realmente.
El éxito para el propietario es una sustancia inestable en permanente creación; los logros del pasado no le proporcionan al propietario la suficiente estabilidad y tranquilidad en el presente.
El propietario necesita una proyección de los resultados y solo así percibe el éxito, como algo que le acompaña y que puede tocar pero que no puede retener.
Entonces, el éxito del propietario y por ende el de su compañía, no se va a medir por el volumen de ventas, por la rentabilidad de los resultados, por la implantación en el mercado o por el reconocimiento de la marca. Por lo tanto, sólo el propietario será capaz de percibir el éxito en cada momento.
La satisfacción o la complacencia no se da en el propietario por la acumulación si no por la consecución de los objetivos y de los resultados.
Cada ejercicio, cada nuevo proyecto que se pone en marcha, supone en sí mismo un ciclo nuevo con unas expectativas de resultados que hay que conseguir.
El propietario siempre y en cada momento va a medir su éxito profesional de la misma forma y manera, tal y como he empezado diciendo en este escrito: -Soy dueño de mi vida profesional y por consiguiente soy libre-.
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